1. La reeducación de Areana (5)


    Fecha: 05/09/2017, Categorías: Dominación, Lesbianas, Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos

    La mujerona depositó la bandeja ante Amalia, que había dormido desnuda, y no pudo evitar clavar la mirada en esos senos que se mantenían aún bastante firmes y lozanos. A Amalia no le pasó desapercibida esa mirada y su significado. Sabía del deseo que su asistente sentía por ella y que no era correspondido, pero pasó por alto el atrevimiento y preguntó por la pupila. -Está bien, señora, esta mañana le llevamos su desayuno, un yogurt con cereales que tomó como corresponde. –informó Marisa. -En cuatro patas. -Exacto, señora. -¿Está tranquila? -Se asusta cuando nos ve llegar, pero luego se calma un poco cuando ve que no le hacemos nada. -Bien, traémela. -ordenó Amalia y empezó a dar cuenta de su desayuno. La pupila entró poco después, en cuatro patas y llevada de la cadena del collar por la asistente. Pasaron unos segundos y en un momento levantó el rostro y miró a Amalia, que la observaba en silencio mientras bebía el jugo de naranjas. El rostro de la pupila expresaba turbación y nerviosismo. -Retirate, Marisa. -Bien, señora. –dijo la asistente y abandonó la habitación tras echar una última mirada caliente a la pupila. -Acercate, cachorra. –ordenó Amalia y Areana obedeció sin alzar la cabeza. Se sentía a la vez temerosa y excitada ante Amalia. Esa mujer la trascendía con su forma de ser totalmente opuesta a su madre: autoritaria, firme, visiblemente acostumbrada a mandar y ser obedecida. Areana se sentía vulnerada en toda la lógica fragilidad de su ser adolescente por esa mujer. ...
    Finalmente Amalia depositó la bandeja en el piso, apartó las sábanas y salió del lecho para plantarse ante la pupila en toda la majestuosidad de su figura imponente. Areana advirtió que estaba desnuda y tuvo que vencer el impulso de mirarla mientras había comenzado a temblar. Amalia se dio cuenta, sonrió malévolamente y dijo: -Vas a bañarme, mocosa. El temblor de Areana se transformó súbitamente en un estremecimiento. -¿Có… cómo, señora? -Oíste perfectamente. Andá a abrir la ducha, probá la temperatura del agua y fijate que esté todo lo necesario: la toalla, el toallón, el jabón, la esponja, el champú y la crema enjuague. Andá. ¡Vamos! ¡movete! Y cuando esté todo listo volvé. -Sí… Sí, señora… -dijo Areana con un hilo de voz mientras se dirigía hacia el cuarto de baño. Una vez allí y con la piel erizada comprobó que estaban listos todos los elementos mencionados por Amalia y regresó a la habitación, siempre en cuatro patas y con la vista fija en el piso. -Ya está, señora. -Bien. –dijo Amalia y tomando la cadena del collar llevó a Areana al baño mientras apreciaba las caderas de la niña, ampliadas por la postura. Probó con una mano la temperatura del agua y se metió en la amplia bañera. -Vamos, metete y empezá. –ordenó. Areana vaciló un instante, se metió en la bañera y al fin preguntó con voz trémula y siempre con la cabeza gacha: -¿Prefiere que… que empiece por alguna parte de su cuerpo en especial, señora? -Por los pies. -fue la respuesta. Areana tomó el jabón, la esponja y ...
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