1. Pibitas de barrio


    Fecha: 08/09/2017, Categorías: Orgías, Autor: ámbar coneja, Fuente: CuentoRelatos

    Carriego y yo vivimos hace 5 meses en una modesta pensión de Morón, desde que agarramos una parada grande en la construcción de unos galpones para vaya a saber qué. Nos tocó un barrio intranquilo, con mucha falopa y terrible oferta de sexo infantil, además de las paraguayas de casi todas las esquinas. En una de esas conocimos a Lola y a Mily, la noche que decidimos ir un rato al barcito del Tano. Eran dos pendejas con ganas de pija, aunque arruinadas por la vida que llevaban. Lola se veía adolescente aunque con 18, tenía una sonrisa forzada y una voz apenas audible por su resfrío, ojos azules, unas tetas poderosas amenazando con fugarse de su remerita y un jogging agujereado atrás para que brillen sus nalgas desnudas. Siempre andaba descalza y con un faso temblando en los labios. Mily tendría unos 20, ojos marrones, el pelo por la cintura, algo más de simpatía, zapatillas y una pollerita mecida por el viento para que admiremos su culito bien parado. Las dos eran morochas, mal habladas y huérfanas. Pero para nosotros eran especialmente bellas, tal vez desde que las vimos petear a 4 obreros en la placita, o desde la tarde que vi a Lola haciendo pis en el cordón de la vereda, o desde que el negro me batió que una mañana las pilló a los chupones cerca de la estación de trenes, lola con las tetas al aire. Pero, volviendo a la tarde del bar. Recuerdo que mientras el negro compraba cigarros yo hablaba con un colifa que solía deambular sin rumbo fijo y manguear guita, hasta que ...
    Mily se me acercó sigilosa diciendo: ¡Hola don, quiere echarse un polvo con nosotras?! Me señaló a Lola que sacaba la lengua desde la otra vereda, y le dije que mi amigo tal vez querría también. En cuanto el kioskero cerró la ventanilla los dos la arrinconamos contra la pared para meterle mano y chupones por todos lados. La piba se re dejaba, tanto que luego se agachó para bajarle la bragueta a Carriego dispuesta a petearlo suavecito. Yo los acortinaba subiéndole la pollera, hasta que veo que se aproxima una señora con dos nenes a comprar. Fuimos hacia el banquito de la plaza donde Lola comía un alfajor. Mily la besó en la boca cuando el negro la manoseaba y yo le rozaba los pezones a Lola que se le endurecían en mis dedos. Pronto le subí la pollera a Mily para apoyarle mi verga empalada al descubierto en su colita fría, y cuando pensaba en arrancarle la tanga, el negro dijo que no seamos boludos y las llevemos a la pensión, porque a las 8 de la noche pasaba todo el mundo. Además había un cana que podría sospechar algo. Ni bien llegamos apagamos la radio para que el jefe no rompa las pelotas y, mientras Carriego se duchaba las guachas morfaban una pizza con verdadera necesidad, y yo arreglaba las camas. Cuando salgo de la pieza veo al negro en bolas parado contra la mesa arengando a Mily que se la mamaba ya sin su remera gastada y descalza. Lola permanecía sentada en el suelo cuando me le acerqué, le quité la remera y el corpiño, pelé la chota y ella sola se la refregó en la ...
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