1. El día que cambió mi vida


    Fecha: 09/09/2017, Categorías: BDSM, Autor: perrita, Fuente: CuentoRelatos

    Saco de semen. O saco de pis, o saco de mierda. Incluso desahogo de vagabundos. Esos son los diferentes nombres por los que mi amo me llama, dependiendo de los diferentes usos que tiene para mi. Para el resto del mundo yo soy su esposa. Una esposa joven, culta y muy bella que nadie termina de entender que hace con un hombre que me saca cuarenta años por lo menos. Pero no lo malentiendan, jamas he sido su novia ni nada parecido. Nunca ha sentido por mi el menor afecto y la mayor muestra de cariño que he obtenido de él es cuando me folla o cuando por fin me da permiso para correrme. Pero empezaremos por el principio. Nos conocimos en el autobús, o mejor dicho, el me conoció en el autobús, cuando yo iba centrada en repasar el importante examen que tenía en un par de horas y al que nunca llegue... Ni a ese ni a ningún otro. No te bajes hasta que yo te lo diga, perra. No fueron las palabras que me dijo lo que me dejaron clavada en el asiento, fue el tono de voz que utilizó. Seco y brutal, de ordenó y mandó, imposible de desobedecer o de pensar en cualquier otra cosa. No aparte la mirada de mis apuntes mientras mi corazón latía a toda velocidad al reconocer que mi parada se acercaba cada vez más. Cuando se abrieron las puertas estaba totalmente fuera de mi y cuando se cerraron, completamente desesperada. Buena perra. Mi corazón comenzó a tranquilizarse por la alabanza, pero aún no me atrevía a dejar de mirar mis apuntes. Al poco note una mano en rodilla y comenzó a subir con todo ...
    el descaró del mundo a través de mi falda hasta llegar al muslo, tan arriba que rozaba mis partes más íntimas. Lo que logró con esto fue que me excitará como nunca antes lo había estado. ¿A dónde vamos? - me atreví a preguntar al cabo de un rato. A la última parada, perra. El autobús se fue vaciando poco a poco hasta que sólo quedamos nosotros dos. Si alguno de los viajeros se había dado cuenta de lo que estaba pasando, decidió con buen tino que no era asunto suyo. La última parada estaba en los suburbios de la ciudad, un lugar donde me sentí completamente desprotegida al estar fuera de mi ambiente habitual. Desde allí me llevó a un hotel de mala muerte que estaba como a un kilómetro y medio de la parada. Lo sé bien porque se ha convertido en una especie de segunda casa para mi. Durante la eterna travesía me dio tiempo a preguntarme una y mil veces que demonios estaba haciendo. Ahora ya podía verlo bien, y como he comentado, era un hombre mayor, casi anciano, y yo una estudiante de primer año de medicina que apenas había comenzado a vivir iba agarrada fuertemente de su mano. Mi experiencia con hombres, o con chicos, era absolutamente nula, así que efectivamente, era la primera vez que me veía paseando cogida de la mano con un chico. Nos metimos en un callejón sucio y asqueroso antes de llegar al motel y me empujó contra la pared. -Escucha perra, esto es muy importante y no quiero que la jodas, así que prométeme que no te correrás ni dirás nada No entendía nada de lo que estaba ...
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