1. Mi madre, mi diosa


    Fecha: 10/09/2017, Categorías: Amor Filial / Incesto, Control Mental, Autor: Crusnik, Fuente: CuentoRelatos

    Mi madre es una mujer dulce y triste. La casa en la que vivimos la compartimos con mi tía y mi abuela. Mi madre me tuvo desde muy joven (a la edad de 23 años), ahora con 42 años cumplidos su cabello muy largo con algunas ondas hasta la altura de su cintura, posee algunos mechones blancos, mide 1,58 m, con algunos kilitos de más pero no se nota tanto porque se ha proporcionado en sus pechos y caderas (las cuales se ven muy amplias). Es una mujer muy trabajadora y se encarga de mantener a mi tía solterona y mi abuela. Mi tía, una mujer solterona, chaparra y gorda de cabello ondulado mayor que mi madre y que siempre pide aprobación de mi abuela y busca complacerla en todo para ser la consentida. Mientras que mi abuela es una mujer esbelta de 65 años, un poco más baja que mi madre y le gusta usar su cabello con permanente hacia arriba (estilo Marge Simpson). Mi mamá se ha encargado de trabajar y mantener la casa, mientras mi abuela y tía trabajan para ellas. Yo adoro a mi madre y estaba harto de todo hasta que se presentó la oportunidad. Un día se me presentó un ser que me dio el poder controlar la mente de mi familia. Lo primero fue decirle a mi abuela: “venerarás a mi madre como una diosa y le dé el dinero que estaba guardando a mi madre para que pueda usarlo en viajes y darse sus gustos”. Con respecto a mi tía, “si tanto te gusta complacer a mi abuela serás su sierva obediente y la complacerás incluso sexualmente”. Dicho esto, mi tía bajó las prendas a mi abuela y le empezó ...
    a lamer el coño, una vagina carnosa con vellos púbicos blancos. No fue mi intención que tenga una connotación sexual. Fue lo primero que se me ocurrió, pero eso atrajo mi lado pervertido. Desde siempre había amado a mi madre. La veía como mi diosa por todo su carisma y bondad. Sin embargo, desde mi adolescencia me enamoré de ella desde que me di cuenta de la forma de su cuerpo cuando practicaba ballet con su leotardo ajustado. Llegó del trabajo con su traje de sastre gris con sus lentes gruesos, el cabello atado en un formal moño. Le ordené detenerse en medio de la sala, me senté en el sofá y le ordené que se fuera desnudando. Lanzó el saco, se abrió la blusa, quedando con un bividi y bombachones blancos, debido a su timidez. Le dije que se quedara así mientras la veía en detalle diciéndole que diga todo lo que siente. Las formas de su cuerpo eran amplias y distribuidas, tenía algunos bellos en los brazos, piernas e incluso en el sobaco. Esto me indicaba que no había estado con nadie en años. —Avergonzada. Asustada. —¿Por? —No me miras como mi hijo, sino con lujuria. ¡Tengo miedo! ¿Qué me has hecho? —¡Basta! Es porque te amo, mamá. Pero ahora me doy cuenta que estás muy buena. De ahora en adelante me verás como tu deseo sexual, tu macho. Te excitarás y disfrutarás de mis caricias. Mientras le decía esto acariciaba y besaba su cuello, soltando su cabello. Dulces gemidos escapaban de su boca, mientras con una mano metía dentro de la bombacha sintiendo la gran cantidad de pelos ...
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