1. El interrogatorio


    Fecha: 11/09/2017, Categorías: BDSM, Anal, Autor: Lib99, Fuente: CuentoRelatos

    El sonido metálico de la puerta al abrirse puso en tensión su cuerpo, brillante por el sudor que lo empapaba. Esposado a la cadena que colgaba del techo, la incómoda postura le obligaba a estar estirado, marcando los músculos de una anatomía atlética. De piel morena y corto cabello oscuro, llevaba como única prenda un ajustado slip blanco cuya ligera tela delineaba la rugosa superficie de sus genitales. Giró la cabeza hasta lograr ver a su visitante. Vestida con el uniforme de guardia de la prisión, la mujer, alta y corpulenta, de ruda belleza, con el rubio cabello muy corto, tipo militar, emanaba una poderosa sensación de fuerza, de autoridad, de control. Piernas largas y de potentes muslos, caderas anchas, cintura estrecha, unas imponentes tetas que querían reventar la tela azul oscuro de la camisa –parecía que los botones fueran a salir disparados como proyectiles– y una ancha espalda para sostener esa espectacular y deliciosa delantera. A sus remarcables altura y envergadura –para un cuerpo de mujer–, se sumaban, sin duda, un prolongado y esforzado trabajo de gimnasio. La mujer se movió lentamente, demostrando quién dominaba la situación, rodeándole hasta situarse frente a él. Sin apartar la mirada de la pantalla del monitor, Sara, desde la sala de control, activó el micrófono. –Adelante, Berta. Puedes empezar. Obedeciendo a la voz que le llegaba a través del pinganillo que llevaba en su oreja, la mujer se irguió en actitud marcial, con sus piernas estiradas y abiertas, ...
    enfundadas en altas botas de caña de puntiagudo tacón, colocando las manos a su espalda. –Rolando Orestes, alias Rolan “El Guapo”, alias el “Tonimanero” –dijo Beta–. Eres todo un galán, ¿verdad “Toni”? La mano de Berta se posó sobre los trabajados pectorales de él, los acarició, pellizcó sus pezones y descendió por el abdomen hasta introducirse en la tensa prenda que cobijaba el paquete. Toqueteó el pene y sujetó la bolsa escrotal, jugueteando con los testículos. –Queremos saber el nombre de tu contacto –Entonó la afirmación como una orden–. –No sé de qué… Berta no le dejó completar la frase. Su mano se cerró alrededor de los testículos como un cepo, apretando con fuerza y cortando de raíz las palabras de Toni, que apenas logró articular un gruñido. –No te molestes en negarlo. Sabemos perfectamente que andas trapicheando y quiero que me digas quién te pasa la mercancía. El rostro del hombre adquirió un rojo tono de congestión, mientras su frente se perlaba de sudor. En su asiento frente a las pantallas de las cámaras de control Sara, la directora de la prisión, experimentó una punzada de excitación en la entrepierna. Peinada su negra melena de reflejos caoba hacia atrás y fuertemente sujeta en un moño, las gafas de pequeñas lentes rectangulares y montura metálica no empañaban los hermosos rasgos de su rostro. El funcional conjunto de falda, blusa y chaqueta se ajustaba como un guante a un cuerpo de espléndida anatomía, disimulando apenas su curvilínea voluptuosidad. Con esa ...
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