1. LA SANGRE NO ES NINGÚN LÍMITE


    Fecha: 11/09/2017, Categorías: Gays, Autor: Anónimo, Fuente: SexoSinTabues

    Mi nombre es Lucas, actualmente tengo 21, pero nos remontaremos a mis adorables e idílicos catorce, a la edad en que comienzan las primeras grandes experiencias sexuales de las cuales ya no habrá retorno. Por aquel entonces vivía con mi padre en la gran ciudad, recientemente divorciado de mi madre, quien vivía en Bariloche con mi hermano mellizo, Franco. Éramos idénticos, él un tanto más alto, de pelo negro, ojos verdosos, tez blanca como la leche. Las diferencias se notaban en las personalidades de ambos; él, extrovertido y problemático, contrario a mí, tranquilo e intelectual. Cada vez que terminaban las clases, mi tío Javier, hermano de mi madre, venía en auto a capital desde el sur, a buscarme para visitar a mi hermano y mi madre, o viceversa, traía a Franco de visita. Esa vez me tocaba viajar. Comencemos entonces… Mi tío Javier, era rubio de ojos claros, rostro cuadrado como el que solían verse en las revistas de moda. Tenía 27, aunque sin exagerar, aparentaba de 17, al punto de tener que mostrar su documento en todo momento. Eso le gustaba, que la gente se sorprendiera y no pudiera disimular su cara de asombro. Parecía un adolescente con cara de bebe. Javier me la ponía dura, muy dura, realmente dolía y sentía que me corría a cada segundo. Me acomodaba en el asiento de forma que no pudiese notar mi erección y trataba de pensar en algo que me la bajara, pero era imposible. Llegaba a sentir esas gotas pre seminales escurrirse, casi inofensivas, por el prepucio que ...
    cubría el glande como si fueran mimos que me la endurecían más si era posible. Temía que el olor a semen empezara a envolver el ambiente y ser descubierto por aquel hombre que manejaba con seriedad. En mi cabeza y corazón era un hombre cualquiera llamado Javier, no quería decir esa palabra, esa sola palabra que podía romper con mi deseo desmedido hacía él, por lo menos en ese momento. Pero es inevitable negar la verdad, era mi tío, era familia y no era correcto sentirme tan atraído. Miraba de reojo cada tanto, me concentraba en su entrepierna, intentaba dar con algún movimiento. Necesitaba comprobar que no era el único que estaba a punto de correrse, pero nada podía contemplarse, ni siquiera con esos vaqueros tan apretados, solo conseguía que me excitara todavía más. Y empezaban a molestarme los testículos, como si estos hubiesen crecido el doble o mis calzoncillos eran los que se habían encogido por la transpiración que me producía tanta calentura, daba lo mismo, estaba en aprietos. Estaba nervioso, inquieto y bastante incómodo. Los minutos pasaban con la lentitud de quien sufre lo peor. No pensé en mejor idea que decirle a Javier que necesitaba ir a cagar y cuando me di cuenta de lo humillante que era, ya lo había dicho. Pero sin duda la verga se me había acurrucado, flácida y diminuta como la de un bebé. Mi tío me dijo entonces, que no había ningún servicio cerca y que tenía que hacer mis necesidades entre los arbustos. Claro, pensé, eso no era problema, el problema era la ...
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