1. Desafío de galaxias (capitulo 39)


    Fecha: 13/09/2017, Categorías: Grandes Series, Autor: calvito, Fuente: CuentoRelatos

    Bertil había llegado en una lanzadera. La flota estaba oculta en un denso campo de asteroides ferromagnéticos que distorsionaba los escáneres bulban. Desde que se puso en marcha la operación, era la primera vez que él y Maite Aurre se encontraban personalmente. Al pie de la escalerilla, Maite, después de saludarle militarmente, le abrazó dándole dos besos. —Ya no recordaba lo besucona que eres, —dijo Bertil riendo. —¿Eso es un problema? —bromeó Maite con coquetería. —Para nada, yo siempre estoy encantado de que chicas guapas me besuqueen, —continuo con la broma. Los dos rieron y se encaminaron al puente de mando de la nave. —¡Comandante en el puente! —gritó el padre de Maite, primer oficial, cuándo los dos entraron en el recinto. Todos los que no ocupaban un puesto de control critico, se cuadraron. Una larga hilera de puestos con terminales se adosaban frente al gran ventanal semicircular que recorría el mamparo frontal. A continuación, en una posición más elevada, estaban los dos puestos que albergaban el timón, y la navegación. Justo detrás, tres puestos más controlaban los poderosos sistemas de armas, tanto ofensivos como defensivos. Por detrás de los sillones del capitán y de los oficiales mayores, estaban los puestos de ingeniería. —¡Descansen! —ordenó Bertil saludando militarmente al padre y estrechándole la mano. Después, los tres pasaron a una pequeña sala de estrategia anexa al puente. —¿Cuál es la condición de la nave? —preguntó Bertil. —Operativa al cien por cien ...
    mi señor, —contestó el primer oficial— todos los sistemas, y la tripulación, están preparados para entrar en combate. —¡Excelente! —¿Cómo lo quieres hacer? —preguntó Maite. —A eso he venido, a comentarlo contigo. Solo veo una forma lógica de hacerlo… —La única forma lógica es que atraigamos nosotros el fuego enemigo: no le des más vueltas. —Así lo veo yo también, —afirmó Bertil—. ¿Cuándo tendremos imágenes de la sonda? —De un momento a otro, —contestó el padre de Maite— ya debería haber llegado. —¿Y estáis seguros de que no la detectaran? —Si mi madre dice que no la detectaran, seguro que es así. Ha forrado la sonda con componentes metalúrgicos bulban para que parezca un trozo de escombro espacial. —Tenemos imagen y telemetría, —dijo la madre de Maite, jefe de ingeniería de la nave, entrando en la sala. Se dirigió a una gran pantalla que ocupaba una de las paredes y la conectó con su tableta. En ella apareció una especie de planetoide totalmente forrado de estructuras metálicas, algunas de las cuales sobresalían y se unían a otras estructuras que parecían que estaban en órbita, pero no lo estaban, estaban sujetas a la estructura principal. En conjunto, presentaban un aspecto grotesco, como si hubieran ido añadiendo piezas de forma alocada. Próximos al conjunto, seis enormes estaciones de más de seis mil metros de diámetro, se mantenían a una distancia no superior a cien kilómetros. A mil, otras once estaciones de dimensiones similares, rodeaban el conjunto. —Se adivina una ...
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