1. Mi protegida


    Fecha: 13/09/2017, Categorías: Hetero, Autor: protector, Fuente: CuentoRelatos

    Aquella noche no era como las otras. Ese sábado se presentaba en la discoteca el último recopilatorio musical de una conocida compañía discográfica, y aunque sólo era la una, el local estaba a rebosar. Una emisora de radio se había ocupado de repartir doscientas entradas gratuitas, por lo que aparte de las caras habituales, se distinguían grupos de lo más variados. El tiempo pasa rápido a partir de cierta edad, sin embargo, ya hacía cinco años desde que mi socio y yo decidimos quedarnos con la propiedad de aquel garito. Nos costó bastante acondicionarlo; yendo a contracorriente, siempre apostamos por la música de los ochenta -época que nos marcó a ambos- y tal vez por ello, la gente que solía acudir era, en su mayoría, de una edad comprendida entre los treinta y los cuarenta, viejos conocidos después de tantos años, que buscaban pasar un rato agradable al son de sus canciones favoritas. Desde el principio asumimos diferentes tareas, él se encargaba de las relaciones públicas, y yo, tras muchos años de experiencia como vigilante jurado, decidí ocuparme de la seguridad, coordinando a los diferentes "gorilas" que teníamos contratados. Serían las dos, cuando la vi entrar acompañada de unas amigas. Vestida con unos jeans y una camiseta sin mangas, su cuerpo era toda una provocación. No necesitaba más artificios, de hecho, creo que los evitaba, tratando sin éxito de pasar desapercibida, pero es que era imposible no clavar los ojos en ella. A mis cuarenta años y con una dilatada ...
    experiencia sentimental, sabía distinguir más allá de un cuerpo o una cara bonita. Aquella chica tenía una clase especial, parecía hecha para ser observada, admirada y deseada a distancia, pero no para ser cortejada por cualquiera. Y era extraño, porque hasta los más pesados de la discoteca parecían notarlo, fueron contadas las veces en las que tuve que intervenir por sentirla agobiada. Teníamos -o al menos, eso es lo que a mí me parecía- un acuerdo tácito. Aparecía un sábado de cada mes, se quedaba bailando hasta tarde, concentrada en la música y sólo saliendo del trance para bromear con sus amigas. Evitaba dirigir su mirada hacia ningún hombre, ese privilegio sólo lo reservaba para mí. Nada más llegar me buscaba con impaciencia y clavaba sus ojos rasgados en los míos, como diciendo "cuida de mí". A continuación, una leve sonrisa se dibujaba en mi rostro y el pacto quedaba sellado. Así desde hacía más de un año. Eso era todo. Y, sin embargo, era suficiente, porque durante esas horas, la sentía plenamente mía, convirtiéndose por una noche, en mi particular objeto de culto. Sólo guardaba en mi memoria dos momentos más íntimos. El primero, se dio una noche que perdió de vista a sus amigas, al volver del baño no las localizaba. Yo observaba la escena dispuesto a no intervenir, pero su carita de desamparo pudo más que las barreras fijadas y me acerqué hasta quedar a pocos centímetros de su espalda. A pesar del cargado ambiente, aun puedo recordar el dulce aroma que desprendía su ...
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