1. Novatada placentera


    Fecha: 16/06/2016, Categorías: Bisexuales, Gays, Autor: Carlosle, Fuente: CuentoRelatos

    Uno no sabe lo ansioso que puede ser esperar por una llamada de teléfono hasta que te encuentras en paro. Miras el teléfono cada cinco minutos esperando esa llamada salvadora que solucione tus angustias alimentarias, hipotecarias, y todas las arias que se te ocurran. Lo peor es cuando suena, vas lo coges con esa voz en la cabeza que te dice ¡Por fin! y resulta que ves en el número de móvil que es tu madre y a la desesperación de no tener trabajo se une el tercer grado de una progenitora que al mismo tiempo es la que te llena la nevera. Llevaba un año en esta situación, a punto ya de irme a vivir con esa mujer de la que temía las llamadas, cuando una mañana me estaba haciendo una paja por dos motivos, uno para relajarme y el otro que hacía tiempo que nadie me follaba, ni yo se la metía a nadie así que tenía el vibrador metido en el culo y estaba a punto de correrme cuando llamaron a la puerta, fui a abrir subiéndome los pantalones y gritando aquello de “¡ya voy, un momento!”. Era Pedro el vecino de abajo, un tipo de unos cuarenta años alto y fornido, yo lo veía los fines de semana coger la bicicleta con otros dos que después supe que eran sus compañeros de trabajo. En principio pensé que venía a tratar algo referente a la vecindad, pero en realidad venía a salvarme el culo (Ahora que lo pienso, en todos los sentidos). —¿Aún estás buscando trabajo? —me preguntó con media sonrisa en los labios. —Sí, claro —dije con cierta ansiedad. —Bueno invítame a un café y te explico lo que ...
    vengo a ofrecerte. —Claro, claro, pasa —le dije mientras me hacía a un lado para dejarle entrar. El trabajo resultó ser de comercial, pasabas de lunes a viernes fuera de casa visitando empresas para venderles equipos de frío, recargas de gas y ofrecer servicios de reparaciones. En principio yo era un buen candidato, mis estudios de frigorista y mi buena planta jugaban a mi favor, si aceptaba tenía que pasar una semana de prueba, al fin y al cabo, la mayor parte del sueldo era comisión y si no vendía, tampoco tenía sentido seguir trabajando. Mientras me explicaba todo esto, yo estaba hipnotizado mirando aquellos labios carnosos que me hablaban con voz profunda y muy varonil, no podía dejar de imaginarme lo rico que sería que me mordiera la boca, además mi polla todavía soltaba gotitas de leche que me humedecían el slip y tenía el culo muy sensible por el reciente masaje del vibrador, menos mal que estábamos tomando el café sentados a la mesa del comedor, por lo que Jorge no podía ver como mi verga empujaba con fuerza contra el pantalón. Acepté el trabajo, la verdad es que no era lo que buscaba, pero el salario y las comisiones eran buenas, no tenía nada mejor que hacer y tampoco perdía nada, puesto que los gastos de comida y alojamiento corrían a cargo de la empresa. Cuando se hubo marchado corrí a por la polla de silicona y brindé una buena corrida a la salud de aquella boca. Comencé a trabajar aquel mismo lunes, formábamos un equipo de cuatro, los dos amigos de Pedro, él y yo ...
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