1. La reeducación de Areana (10)


    Fecha: 24/06/2018, Categorías: Dominación, Lesbianas, Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos

    Marisa se acercó a Eva y le ordenó: -Venga con nosotras. –mientras Milena se dirigía a la puerta del living. Eva se incorporó y empezó a caminar despacio, con la cabeza gacha y las manos en la nuca, tal como le había sido indicado por Amalia, pero Milena, ya en la puerta del living, la detuvo: -No, no, no, nada de caminar. Usted es una perra y las perras andan en cuatro patas. -Muy bien, Milena. –aprobó Amalia y agregó dirigiéndose a su flamante presa: -Caminar será para usted un privilegio que yo le voy a conceder cuando me dé la gana. Eva tragó saliva ante la nueva humillación, se puso en cuatro patas y siguió a ambas asistentes. Se desconcertó, asustada, cuando ingresaron en aquella parte del departamento transformada en una tenebrosa mazmorra e instintivamente se detuvo. Marisa, que marchaba detrás de ella deleitándose con el meneo del gran culo de Eva, le dio un puntapié en esa zona y le gritó: -¡¿Qué hace, perra?! ¡No se detenga! ¡Muévase! Eva giró la cabeza con una expresión de miedo en su cara: -¿Adónde me llevan?... Por favor… Esta vez fue Milena quien intervino. Tomó del pelo a la mujer y le cruzó el rostro de dos bofetadas veloces y fuertes que le llenaron los ojos de lágrimas. -¡Siga andando, perra, o voy a hacer que lamente haber nacido! El susto de Eva se había transformado en terror y con ese sentimiento reanudó la marcha, con la joven precediéndola y la mujerona detrás de ella. La dejaron ante la puerta de la temible sala, con el corazón latiéndole ...
    aceleradamente, y Milena entró en busca de un collar, esposas y un par de grilletes unidos entre si mediante un mosquetón. Después llevaron a Eva a la habitación-celda. -¡Una cucha! –exclamó la mujer al entrar y ver la estructura de madera. -Claro. –dijo Marisa. ¿Qué otra cosa para una perra? -Una cucha y además sus recipientes de comida y bebida. –agregó Milena señalando ambos cuencos a la izquierda de la cucha. Eva respiraba agitadamente mientras se iba ahondando más y más en si misma, conmovida por sensaciones fuertes y contradictorias: miedo, ansiedad y excitación. En un desesperado intento por negar esa realidad que vibraba en su interior trató de imponerse a si misma que rechazaba todo aquello que estaba viviendo. Pensó en resistirse, gritar, exigir que la dejaran ir, pero ni un sonido salió de su boca y en cambio una verdad cruda e inapelable estalló en su conciencia para instalarse allí y arrasar con los últimos vestigios de negación: ella era una sumisa, siempre lo había sido pero ahora esas dos mujeres con Amalia a la cabeza, con Elena también e incluso su hija, le estaban haciendo vivir su condición y eso, a pesar del miedo, la excitaba. “No hay vuelta atrás…” -se dijo a la vez temerosa y excitada. “Soy esto… nunca fui otra cosa…” y obedeció mansamente cuando Milena, después de colocarle el collar, de cuero rojo, de tres centímetros de ancho y con cadena plateada le ordenó entrar en la cucha y tenderse boca abajo. La joven la esposó con las manos en la espalda y después le ...
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