1. ANDREA


    Fecha: 04/09/2018, Categorías: Infidelidad, Autor: dulces.placeres, Fuente: SexoSinTabues

    - Mirá, yo no sé ni me interesa que enfermiza relación tienes con tu esposa… - Qué? mi esposa? de que estás hablando? - Tu esposa, una rubia muy bonita, me dijo que se llamaba Andrea, te suena? - Andrea! Andrea te visitó? Me quedé unos segundos en mis pensamientos, mi esposa la había visitado, sabía lo descuidado y confiado que era, pero no salía de mi asombro, Verónica prosiguió: ANDREA Andrea es más bonita de lo que cualquiera de ustedes pueda imaginar, dueña de una sonrisa sin igual, un blonda natural de grandes rulos que caen hasta sus hombros, ojos celestes, cristalinos como el mar, labios sensuales y provocativos, y su cuerpo plagado de curvas de ensueño, recorrerlo en un viaje al placer, de grandes pechos, diminuta cintura y amplias caderas, de piernas esbeltas y esculpidas a mano, es elegante, con altura de modelo y cuerpo de vedette. Está llegando a los cuarenta, pero no aparenta más de treinta, ella es profesora de educación física y da clases en algunos gimnasios de la zona. Es de esas mujeres que no pasan desapercibidas, de una hermosura especial, de esas que todos se dan vueltas al verla pasar, de esas que es centro de atención en cualquier reunión y que provocan los codazos en el hígado de otras mujeres ante la mirada perdida de sus esposos. Hace unos quince años que es mi esposa, y yo me siento halagado cuando mis amigos me comentan sobre lo buena que está. Ella me hace muy feliz, porque tan buena como está, mejor aun es en la cama, es fuego puro. Pero el ...
    problema era yo, porque a pesar de tener un monumento a mi lado, para mí no era suficiente, porque siempre fui un mujeriego empedernido y me cansé de cogerme cuanta mujer pude, así tenía varias ‘amigas’ que cada tanto frecuentaba y una lista acotada de finas prostitutas a la que adornaba con mis billetes. Aquellos amigos verdaderos me decían una y otra vez que reflexionara sobre lo que hacía, que no me empeñara en tirar de la cuerda, que pensara en Andrea, una mina noble y fiel que no se merecía mis engaños, pero yo me sentía súper poderoso, el gran macho, omnipotente. Y ella no era estúpida, tenía bien en claro que era una súper cornuda, más de una vez me había pescado en situaciones complicadas, con teléfonos de mujeres, con mensajes que no podía explicar, con llegadas tardías, con ropas con perfume a mujer. Las discusiones se hacían cada vez más drásticas, más ásperas, porque ella intentaba que cambiara, siempre me daba una nueva oportunidad, y yo siempre la defraudaba. Y encima parecía ir todo a mi favor, porque más la engañaba más se preocupaba por mí, por atenderme, por complacerme y asumo que siempre fui un bastardo, innumerable cantidad de veces la había dejado llorando, resignada, dolorida, herida, sin importarme nada, total, sabía que después de la tormenta al día siguiente saldría el sol. Y a pesar de todo, Andrea me era ciegamente fiel, de eso estaba seguro, solo tenía ojos para mi, parecía ser para ella el único hombre sobre la tierra. Pero algo cambiaría, no sabía ...
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