1. Echarse un fría (pero no cerveza)


    Fecha: 15/09/2018, Categorías: Hetero, Autor: Stregoika, Fuente: SexoSinTabues

    Agradezco a Sexo Sin Tabúes por tener en cuenta mis relatos Y como siempre, a los frikis sin talento que buscan aquí material para plagiar y publicar : Tened lástima de vosotros mismos. AHORA QUE HAN PASADO DÉCADAS Y LA HUMANIDAD HA ARDIDO HASTA CASI DESAPARECER, ME VALE MADRES CONTAR CON LUJO DE DETALLES ESTA HISTORIA. Capítulo 1 Cindy Paola, joven ejecutiva de la enorme firma de importación de productos químicos Unifarma S.A. Una belleza. Delgada como cualquier modelo de pasarela, piel de color impecable, cara falsamente inocente y una cortina negra de pelo brillante. Pero eso era todo. Quisiera poder contarles que ascendió a su puesto por inteligencia, pero fue con su culo, la verdad; y con su boca, obviamente. Había logrado culminar su carrera y su maestría sin pena ni gloria, pero su posicionamiento en tan envidiable lugar lo había conseguido por nada más que estar buenísima. Era muy conocida aún entre las más bajas esferas de la firma, solo por eso, por estar buena. Para los hombres por la arrechera que causaba, y para las mujeres por envidia. Solía vestirse muy elegante, pero no podía evitar verse provocativa. Si iba en conjunto, la silueta tan bien trazada, si iba en sastre, el culasazo de negra, si iba en minifalda y mallas, esas piernontotas casi pornográficas…. Era el tema de conversación de los empelados arrechos en el mesón del sótano y de las empleadas envidiosas. Ahora, como se imaginarán, Cindy era una hijueputa. Sí, una hijueputa. Trataba a sus subalternos ...
    como mierda, en especial a las mujeres. A los hombres, no los determinaba, pero de las mujeres, se aseguraba que se sintieran como basura si ella estaba cerca. Yo era mucho menos que un subalterno de Cindy en Unifarma. Mi puesto era el de Locativas. El “todero”. El que llamaban por radio si se apagaba un bombillo, o si una puerta chirreaba, y por supuesto, al que hijueputeaban si algo fallaba. Cindy era de las que prefería no entablar ni siquiera comunicación directa con los bajos fondos -no fuera a contaminarse -, y ni aún estando a pocos centímetros de uno, ni miraba a la cara cuando definitivamente tenía que decir algo. Así ese algo fuera un “retírese”. Solo manoteaba y miraba al vacío. A mí me lo hacía constantemente, me hacía sentir como si ella fuera un dios teniendo que rebajarse a tratar con una hormiga. Un día, la mala fama de Cindy se disparó por un rumor de pasillo. Decían que era la nueva moza de Carlos L., nada menos que el presidente de Unifarma. El chisme era difícil de creer, no por falta de méritos de Cindy… es que al viejo le gustaban las estrellitas de televisión y esas cosas. Pero de manera muy dramática, prácticamente fuera de este mundo, iría yo a confirmar la veracidad del cotillo. El flagor del chismorroteo pasó de “fuego lento” lento a “rostizar”, cuando unas imprudentes – también ardidas – muchachas del aseo no pudieron evitar tapar sus comentarios con la mano tras verla cruzar la sala de juntas. Cindy las humilló he hizo que las despidieran. Las ...
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