1. Profesora de Literatura


    Fecha: 13/07/2017, Categorías: Sexo Oral, Infidelidad, Sexo con Maduras, Autor: Sergio Trillao, Fuente: CuentoRelatos

    Esta es una historia real, pero he cambiado los nombres y las localizaciones exactas por respeto a los implicados. Si quieres saber más detalle manda un correo a mi perfil. Eran pasadas las 2:00 de la tarde, iba de salida de la escuela platicando con mi mejor amigo (por no decir el único) David, que esa tarde tendría una cita con una de las tantas mujeres que conocía por Facebook. —Uff, mira el perfil de esta chica —decía mientras me mostraba unas fotos con su celular de una joven posando con una camisa−ombliguera, y unos jeans bastante apretados, no se veía nada mal la tal "Solo Dime Wendy"— Espero que esté así de buena en persona. —No te emociones mucho —le dije tras analizar el espeso filtro y el ángulo de la foto. Íbamos dando vuelta a la esquina del pasillo en dirección a las escaleras cuando escuché una voz que me llamaba en voz alta. —¡Alejandro! —decía la profesora Karen desde el marco de la puerta del C−9. Pff, lo que me faltaba, esa profesora se la pasa haciéndome la vida imposible, pese a que soy el único que comprende lo que dice en clase ¿Ahora qué quería? —Creo te llama la prof... —Escuché —dije sin voltear a verla— No imagino qué querrá ahora. —No sé tú, pero si a mí me llamara esa profesora iría volando a verla, ¡Está buenísima! —dijo David, bastante más emocionado que yo por la idea. En efecto era muy atractiva, a sus 34 años trabajaba solo por gusto, lo cual no concordaba con su mal genio. Su esposo era un político de un partido popular en mi país, y ella ...
    siempre viajaba en autos lujosos, vestía ropa fina e iba constantemente al Gym. Era la fantasía de todos, y debo admitirlo, llegué a pajearme un par de veces pensando en ella... En sus grandes pechos maduros... Sus nalgas grandes... Su boca pequeña... —¡Alejandro! —volvió a llamar la profesora. —Anda, sólo piensa que es guapa —dijo David en voz baja. Volteé como si acabara de escucharla y dije: —Mande profesora. —¿Podrías ayudarme con algo? Dije "claro" y me despedí de David, que levantó sus dos dedos pulgares bajando la escalera. No entiendo por qué el gesto, sólo iba a molestarme... Como de costumbre. Llegué a la puerta del salón y la profesora se encontraba recargada en el marco, con sus brazos entrecruzados bajo sus bien formados senos. Llevaba una blusa blanca fajada en una falda negra larga que hacía buena referencia de sus caderas, y decoró sus piernas con unas medias igualmente negras a juego, que terminaban en unos zapatos de tacón no muy alto. La profesora me miró con sus grandes ojos negros detrás de las gafas con un gesto... ¿Molesto? ¿Complacido? Pff, no lograba comprender a esa profesora. —¿Podrías subir las cajas de libros a las repisas? —dijo— Yo no me las aguanto. —Claro —contesté. —Bueno, pasa. El salón tenía espesas cortinas negras en todas las ventanas para no dejar pasar la luz, haciendo que faltara ventilación, la única iluminación era un foco de 60 wats. en el centro del techo. Había un montículo de libros bien acomodados en el suelo y unas cajas grandes ...
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